Comida rusa en un ambiente íntimo y con una atención perfecta. La decoración está muy cuidada, el local es pequeño y muy acogedor, te hace sentir como si estuvieras en casa de tu íntimo amigo ruso. El dueño es una persona atenta y detallista, el mejor anfitrión posible. Eso sí, mejor reservar, y venir con tiempo. Las cenas suelen alargarse, entre converesaciones, la música y la cantidad de comida, hasta las dos horas y media tranquilamente... De postre recomiendo los Blinis
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